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La sonrisa de un niño
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Proyecto que llevan las religiosas de María Mediadora en chezi con los niños huérfanos.

En Dowa, una de las zonas más pobres de Malawi, se encuentra Chezi. Y en Chezi, una asturiana: sor Mercedes Arbesú, misionera de María Mediadora. Esta congregación se ocupa, desde el año 1993, de un centro de nutrición infantil. Pero lo que, en sus comienzos, era simplemente un centro para niños externos, se convirtió poco a poco en un hogar para los cientos de huérfanos que el sida y las enfermedades habían provocado en los poblados de los alrededores. Actualmente, el St. Mary´s Rehabilitation Center acoge a 150 niños huérfanos internos, junto con otros 400 más que viven con sus familiares más cercanos, bajo los cuidados y la supervisión de las religiosas misioneras de María Mediadora.
La hermana Mercedes Arbesú conserva todavía un suave acento asturiano a pesar de la distancia, y una gran vitalidad, no en vano fue periodista antes que religiosa, y lleva a sus espaldas horas de radio y de trabajo con la realidad y las noticias. Normalmente a los niños les damos miedo, porque somos blancos y extraños. No es raro que, al acercarte a darles la mano o hacerles una caricia, se echen a llorar. Esto no ocurre en Chezi, donde los niños están sanos y contentos, y aunque sus pertenencias equivalgan a un décimo de lo que pueden tener los niños de Occidente, sus sonrisas son siempre el doble de bonitas, el doble de sinceras, el doble de alegres.
«¡Guapa!», le decía a una niña que se subió de un salto a mis brazos... «¡Guapa!», repetía ella... Las hermanas que estaban allí se reían: «Siempre repiten todo lo que les dices».
En Occidente los niños, por lo general, están acostumbrados a poseer. En África están acostumbrados a compartir, a valorar, a vivir el día a día con intensidad.
Las religiosas se esforzaron por hacer de Chezi un verdadero hogar, y desde luego que lo consiguieron. Los jardines están cuidados, hay color por todas partes; las casas, con literas, están limpias y cuidadas, y en cada cama, un osito. Es el mejor ejemplo, como lo son en realidad todos los proyectos que visitamos, de la utilización del dinero con el máximo rendimiento. Y lo que es más importante: los niños reciben cariño, un cariño especial de quienes han decidido pasar el resto de sus días junto a ellos, y compartir su hambre, su sequía, sus malarias…

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