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viernes, 19 de octubre de 2018
TRES CASAS EN UN DÍA
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- Por: Andreína Falciano
Celebrando el Centenario

 

Seguimos celebrando las actividades programadas en el centenario, tratando de que cada una sea un espacio fecundo en el que compartir, hablar y recordar, nos ayude a seguir haciéndonos, a disfrutar  de todo lo que hemos ido trabajando y recibiendo a lo largo de todos estos años y de  crecer y envejecer juntas.

 

  Así que, llegó el turno de nuestra excursión  por las casas para volver a volver. Para recordar "in situ" las vivencias que muchas de ellas han tenido en esos lugares. 

Amaneció por fin sábado, aunque las alarmas de los relojes sonaran como entre semana. Otros días, cuando escuchas la alarma sientes más pereza y desearías posponerla, pero hoy tenía otro sonido, había ganas y deseo de encontrarnos.

   El primer lugar que no recibía era Priego, las hermanas habían madrugado para poner todas las cosas a punto y prepararnos un rico desayuno. Al llegar pasamos directamente a desayunar, seguidamente nos fuimos a la capilla y allí agradeciendo interiormente y presentándole nuestras peticiones a sus pies, nos dejamos abrazar por Nuestra Sra. de las Angustia, de quien nos despedimos con el canto de la Salve.

María José jurado, fue la encargada de dirigirnos durante el recorrido por la casa, no escatimó en meternos hasta en el último recoveco y mostrarnos todo lo que el colegio ha mejorado y ampliado. De allí, salimos, como buenamente fuimos pudiendo hacia Baena. Las calles de Baena se notaban de feria.  Llegamos directamente al colegio, entramos por la puerta principal, como Dios manda, porque a veces entrar por la puerta correcta hace la diferencia. El recorrido fue grande y la obra, ante nuestros ojos, resultaba inmensa, actual y muy bonita. Allí, no hicieron el encuentro un tanto animado.  Isabel, cogió su micrófono y haciendo las veces de una azafata o de un guía turístico fue guiándonos por el colegio junto a Francisca. Empezábamos a cansarnos, pero el cansancio no hizo que dejásemos de ver nada, así que estuvimos en las cinco fases del colegio. Al terminar el recorrido, nos fuimos a comer al colegio viejo, donde hoy por hoy tienen las hermanas su casa. Nos esperaba la comunidad con la mesa puesta, un detalle para cada una y unos entremeses buenísimos.

  El almuerzo lo realizamos en el patio de flores, la temperatura era ideal, el color del día sumamente claro, la proporción de las mesas, la compañía y la comida nos hicieron pasar un ratito muy agradable.  

Comimos, recogimos y descansamos. Y llegó el momento de volver a encender nuestros coches e irnos a Lucena. En Lucena nos esperaba la comunidad, nos acogieron en la puerta, con un derroche de cariño y de alegría, porque estábamos allí. Fuimos conociendo y reconociendo cada lugar del colegio. Disfrutamos de cada cambio, de cada mejora, del coro y del antecoro.

  Merendamos, como quien va a un banquete. Al llegar a las mesas, todas coincidíamos en que no íbamos a comer, casi nada, pero se cumplió el dicho de que comer y rascar, es sólo empezar.

  Agradecemos a cada una de las tres comunidades, por su acogida, por habernos hecho sentir en casa y haber cuidado cada detalle para que fuese un lindo día. Agradecemos la recreación que han sentido nuestras pupilas, el descanso de nuestra cabeza y la sobrecarga de cariño, que ha recibido nuestro corazón.

Pedimos al Señor, nos siga regalando espacio cargados de vida.

 

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