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por Ivonne Sánchez Barea
Mi experiencia en la Eucaristía de clausura del IV Centenario de la Congregación Hijas del Patrocinio de María.
Renovarse en el crecimiento espiritual, es adentrase en el alma y la conciencia. Abrir las manos en la desinteresada entrega, y llevar mas lejos de la propia puerta, el mensaje que cada cual tenemos encomendado para su traslado. Durante ese viaje, encontramos seres especiales, con los cuales intercambiamos a veces solo miradas, otras pensamientos, otras actitudes, y misiones. Son actos existenciales y actos de Fe, lo que abrazamos durante nuestras vidas. Llegue hoy, despierta y con sed, al recinto sagrado de la Basílica de San Pedo en Córdoba, para cerrar en solemne acto el IV centenario del ministerio del Padre Cosme, y de la Fundación de las Congregación Hijas del Patrocinio de María. Llegamos como llegan los invitados a un palacio, ordenadamente localizamos nuestro lugar para el acto. Allí, una vez más se respiraba en el ambiente, sencillez, entrega, y amor, toda la atmósfera resplandecía de presencia. Y sentí esa luz especial que nos invade cuando estamos felices, y en encuentro personal y espiritual. Orando pedimos por la Congregación, por su Santidad el Papa, por que se presenten nuevas vocaciones de entrega religiosa y sacerdotal, para que la esperanza de mundo centrad en nuestro hijos y por nosotros que sepamos guiarlos, por el camino de los valores del padre Cosme, por nuestra Señora de la Piedad, para que lleve a término la Beatificación del Padre Cosme, Muñoz Pérez, y que nos proporcione, gozo en la intercesión imploramos tus gracias, para que así se cumpla. Pedimos por los Colegios, y todas las Religiosas, los Educadores, Alumnos, Padres, personal docente y no docente, para que seamos fiel reflejo del evangelio. Pedimos por las mujeres que sufren, por la paz en el mundo… Me emocioné, nos emocionamos, todo el aire era emoción y júbilo. Y se desprendieron de mi corazón alegre lágrimas de dicha, al ver cruzar por frente a las hermanas portando sus propias lucernarias con alegría, ellas iban en fila, representando a cada Centro Educativo. Y luego, como si me quisiera atrapar la geografía y envolverme en el mapa, llegaron las banderas de Venezuela y Colombia, con sus mantas guajiras, sus ruanas y sombreros, la batea de frutas, y la pureza de esos niños que ofrendaron. El magnifico coro inundo a la basílica con su celestial acorde y cuidadoso tono, vibrando cada nota entre el pecho, adentrándonos más aún en ese enorme e inalcanzable sentimiento de la universalidad congregada. Más despierta que si fuera un ensueño de vida, toda esa alegría se contagio, y crecimos en humildad, nos engrandecimos con la sencillez, y nos enriquecimos con la espiritualidad. Plenitud, tal vez sea la palabra, justa, que enmarque la vivencia de día 8 de Septiembre del 2007. Se ha cumplido el año, de celebración y aniversario del Centenario, salí de la Basílica, saciada de espíritu renovador, alimentada de la gracia del conjunto congregado, y sobre todo fortalecida, para ayudar, y resignada en recibir lo que por destino o designio, se me asigne. Caminare en el sendero, que de mis recursos yo pueda entregar, a mis amigas, a la Patrona, y al Padre Cosme, por brindarme, ocasión de tal vivencia. Rezaré, oraré, mis plegarias abriré, para que pronto te llamemos “San Cosme”. Desde Cájar, Granada, gracias por invitarnos a participar.
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